El ser humano cuenta con cuatro capacidades físicas básicas: fuerza, resistencia, velocidad y flexibilidad. Las tres primeras podemos mejorarlas con entrenamientos específicos y así aumentarlas a lo largo de nuestra vida. Son probablemente las más demandadas por cualquier deportista aficionado. Sin embargo solemos olvidarnos de la hermana pequeña: la flexibilidad.

¿Os habéis preguntado cómo es posible que un bebé se meta el pie en la boca con la misma facilidad que una mano? Pues la respuesta es sencilla, de las cuatro capacidades es la única que es involutiva. Es decir, nacemos con ella desarrollada y la vamos perdiendo con la edad. Algunos autores aseguran que alcanzamos nuestro mayor nivel de flexibilidad a los 2-3 años y que a partir de ese momento comenzamos un descenso que, si no intentamos ralentizar, es imparable.

Puede que siendo adolescentes no le demos demasiada importancia, pero con el paso de los años puede llegar a convertirse en un problema muy serio que nos afecte muy directamente en nuestra vida diaria.

Trabajar nuestra flexibilidad nos ayuda a disminuir el estrés y la tensión muscular, favorecer la relajación muscular y como método de prevención de lesiones, aspecto que cobra mayor importancia si practicamos algún deporte. Pero al igual que no trabajarla es poco recomendable tampoco debemos pasarnos para no sufrir problemas de hiperlaxitud e inestabilidad articular.

Por norma general las mujeres son más flexibles que los hombres, hasta un 20% más. Esta diferencia se atribuye a las diferencias anatómicas en las uniones articulares, sobre todo a nivel de tronco, cadera y tobillos. Así que si vuestra hermana gemela logra tocar el suelo con las manos doblando la cintura y vosotros no sabed que tenéis una buena excusa científicamente demostrada.

¡Sorpresa! La hora del día y la temperatura influyen en nuestra flexibilidad. Seguro que os podéis doblar más a mediodía que recién levantados, y mejor en primavera que en invierno.

Las personas físicamente más activas son más flexibles. ¿Ah si? Menuda noticia. Bueno, es una verdad de Perogrullo pero a veces nos olvidamos de la importante de la actividad física para mantenernos en el mejor estado posible.

Solemos salir a correr, levantar pesas, jugar al tenis o al fútbol o a lo que os venga en gana pero, normalmente, los estiramientos son esos tres últimos minutos de la rutina a los que casi no damos importancia más allá de la disminución de agujetas o porque lo hemos leído en no se qué blog de internet (éste, por ejemplo). Pues bien amigos, son tan importantes como cualquier otra actividad física y debéis dedicarle al menos 10 minutos. Hoy no os aburrimos más pero en próximas entradas profundizaremos en técnicas individuales y por parejas que deberíais añadir a vuestros entrenamientos.