Otro de los errores más vistos al empezar a entrenar es no hacer pesas ni ejercicios de fuerza por miedo a ponernos “demasiado grandes”.

 ¡Ja!

Es un error cometido especialmente entre mujeres. Pensamos que con unos cuantos ejercicios pesados terminaremos como las mujeres fisicoculturistas que vemos en webs y revistas.. Y, os digo una cosa, si ellas nos escuchan decir esto se reirían mucho (en el mejor de los casos).

Esos cuerpos llevan mucho más que un entrenamiento intenso: suplementación, dietas especiales… Además, las mujeres, como ya sabemos, tenemos niveles de testosterona mucho más bajos que un hombre por lo que nos es mucho más difícil conseguir masa muscular.

Mito más que deshecho.

De hecho, el entrenamiento de fuerza tiene una tonelada de beneficios que nos ayudan a avanzar hacia un cuerpo definido y tonificado. Además, ayuda a desarrollar los músculos, a facilitar las respuestas hormonales beneficiosas y aumenta la confianza consiguiendo retos que pensabas inalcanzables o ejercicios imposibles. Es un complemento positivo para cualquier programa de ejercicio: el músculo se desarrolla más sin crecer en tamaño, y esta combinación crea ese físico delgado, definido que se verá tonificado.

Además, al trabajar la fuerza se crea un efecto metabólico durante y después del entrenamiento, que no se consigue entrenando sólo cardio. Eso significa más resultados en menos tiempo. Si a esto añadimos los efectos de la electroestimulación ¡Booom!